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Camila, habita un mundo singular, paralelo al nuestro, hecho a la medida de los seres y objetos que habitan la memoria. Un lugar cruzado por callecitas empedradas, flanqueadas por pequeñas casas de paredes multicolor y rusticas puertas de madera desgastadas por el tiempo. Un mundo pequeño, casi portátil, dos veces la longitud de sus brazos extendidos, donde cada quien -y cada cosa- tiene la historia de su vida escrita de antemano.

La primera vez que la vi, fue en la barra de El Guanábano conversando con amigos. No tengo muy claro los detalles del momento, solo recuerdo su voz gastada de cantante de blues y lo extrañamente familiar que me resultaban sus ademanes. Esa misma noche, después de merodear por otros lugares, la encontré de nuevo, afuera del bar, fumando un cigarrillo.

-Deberías cantar -le dije, refiriéndome a su voz de diva de la madrugada.

Me miró por un momento, entre burlona e incrédula y se desató en un alegato en contra de los hombres que se ofrecen a convertirla en estrella. Me precipite apresurado al interior del bar y fui a refugiarme en la barra. “…si, Shakira, Britney Spears…” fue lo último que alcancé a escuchar. Ordene un ron doble y bebí lentamente mientras escuchaba a Amy Winehouse descender al infierno coronada de rosas. La volví a ver un año más tarde en circunstancias similares, para entonces ya me había enterado que era la hija de viejos amigos a quienes no he vuelto a ver.

Cuando le pregunté si estaría dispuesta a hacer parte de este proyecto, estaba preparado para lo peor y tenía lista la ruta de escape. Para mi sorpresa se mostró intrigada y una semana más tarde, finalmente, aceptó que la fotografiara. No se si decidió darme una tregua o si simplemente había olvidado el incidente del año anterior.

Camila es alta, delgada, de cabello negro, ensortijado, no muy largo. De piel canela y grandes ojos negros. Su rostro es de una simetría sorprendente, de facciones finas como esculpidas de fina madera y una dentadura blanca, perfecta, antesala de una risa difícil de ignorar. Es intensa, vehemente, feroz. Usa la palabra como un Kalashnikov cargado y listo a disparar: Rápida, simple, efectiva, mortal.

Tiene 29 años, estudió producción de televisión y el cine es su pasión. En la actualidad se encuentra produciendo un cortometraje animado, en la técnica de stop motion, titulado “La Piel de la Naranja”. Su opera prima.

¿Será que después de todo el tiempo es circular?

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